La teoría de las capacidades desarrolla una visión parcial de la justicia social y tiene como objetivo ofrecer una aproximación filosófica de los “principios constitucionales básicos que deben ser respetados e implementados por los gobiernos de todas las naciones como un mínimo requerido por el respeto a la dignidad humana”

El liberalismo defendido por Nussbaum se puede enmarcar en el Bleeding Heart Libertarianism,  que contiene una serie de perspectivas liberales unidas por un compromiso con el libre mercado y la justicia social, o la creencia de que “abordar las necesidades de los económicamente vulnerables, el remediar la injusticia, participar en la benevolencia, fomentar la ayuda mutua y fomentar el florecimiento de mercados libres, es práctica y moralmente importante” (Zwolinski, 2011).

La teoría de las capacidades

La teoría de las capacidades desarrolla una visión parcial de la justicia social y tiene como objetivo central ofrecer una aproximación filosófica de los “principios constitucionales básicos que deben ser respetados e implementados por los gobiernos de todas las naciones como un mínimo requerido por el respeto a la dignidad humana” (Nussbaum 2012: 5). El desarrollo de este planteamiento se enfoca en la respuesta a dos interrogantes: ¿qué significa ser plenamente humano? Y, ¿qué significa ser tratado con dignidad y como realmente humano por el Estado o la comunidad de la cual uno forma parte?

Para Nussbaum no basta con definir la humanidad en términos de racionalidad, sino que se debe hacer a partir de la identificación de una serie de capacidades que, más allá de las especificidades cultuales, configuran lo que consideramos, desde una perspectiva ética, una vida humana en sentido pleno. Por consiguiente, un Estado trata con dignidad a su población si garantiza a cada persona, en un cierto nivel básico, las diversas capacidades humanas, a partir de las cuales se puede desarrollar el plan de vida individual.

Si nos preocupa que cada persona pueda perseguir sus proyectos de vida individuales no debemos perder de vista que los seres humanos son dependientes por naturaleza y diversos en sus necesidades. Lo importante es, pues, que los individuos posean la libertad y las capacidades de perseguir esos proyectos, de hacer lo que quieran hacer y de ser quienes quieran ser. Pues para la autora estas capacidades son consideradas valiosas en sí mismas y no un medio para construir una vida digna.

No obstante, la cuestión fundamental estriba en plantear si la concepción de Nussbaum es compatible con el liberalismo y con el pluralismo que caracteriza a las sociedades liberales. Sobre esto hay que destacar que el enfoque defendido por la autora comparte con el liberalismo la consideración de la igualdad política de los individuos y que, dicha igualdad, conlleva el apoyo a las diferentes opciones vitales. En segundo lugar, pretende establecer un listado de aquellos bienes básicos que deberían estar al alcance de todos los ciudadanos, todos ellos necesarios en el seno de una sociedad política liberal. Aunque si bien es cierto que para el liberalismo ortodoxo estas diez capacidades[1] podrían reducirse a tres: el derecho a la vida, a la libertad individual para desarrollar los proyectos personales y el principio de no agresión. En tercer lugar, en base a su defensa de la individualidad, insiste en su compromiso con los bienes de elección y autonomía, característicos de la tradición política liberal.

Además, su compromiso con una sociedad plural implica el respeto hacia aquellas personas que eligen estilos de vida con los que la mayoría de la sociedad puede no estar de acuerdo o, incluso, pueden llegar a dañar a uno mismo. Para los liberales la moral debe permanecer en la esfera privada de los individuos y ni el Estado ni la sociedad deben tener potestad alguna para legislar sobre ella. De ahí deriva su defensa de la libertad de conciencia, que considera incompatible, por ejemplo, con el establecimiento de una religión oficial. En consonancia, plantea el refuerzo del papel educativo de las instituciones, pero sin aceptar intervenciones externas coactivas. Pero a falta de desarrollar este último punto de forma más extensa, cabe destacar que para el liberalismo clásico tampoco la educación debe estar entre las prerrogativas de un Estado mínimo. Pues es el criterio de los padres el más adecuado para decidir sobre la educación de sus hijos y, como los límites a la libertad de acción en sentido negativo están en el ámbito de la vida privada, la función del Estado solo puede ser la de tratar de persuadir al individuo con cuyas posiciones discrepa (Berlin, 1988).

La distinción entre funcionamientos y capacidades

A diferencia de Aristóteles, filósofo del que se nutre la autora, Nussbaum utiliza el concepto de capacidades en vez de funcionamientos para poner de relieve que, estos últimos no son necesarios en el enfoque que propone. Por ejemplo, participar en el proceso de toma de decisiones de una comunidad es una capacidad, pero el funcionamiento real de esta capacidad no es necesario. Por lo que aquellos que no consideren que deban de participar en este proceso, como los anarquistas, no están obligados a hacerlo. Esta diferenciación está relacionada con el concepto tan liberal de libertad negativa.

La libertad negativa radica básicamente en la ausencia de coerción por otros. Este concepto parte de la idea de que vivimos en un mundo donde realizar un fin implica sacrificar otros, es decir, en el que las actuaciones individuales tienen un coste de oportunidad. La libertad negativa denota la ausencia de obstáculos, restricciones o interferencias. Ésta se atribuye a las personas individualmente consideradas, mientras que la libertad positiva se atribuye a colectividades o a los individuos considerados como miembros de colectivos. Para Isaiah Berlin los valores o fines son plurales, por lo que no pueden ser jerarquizados por un agente externo. Este pluralismo valorativo es fundamental, porque perseguir un solo objetivo como sociedad elimina la libertad individual para elegir por uno mismo. Pero no se trata de antagonizar las dos concepciones de la libertad sino de asegurarse que la protección de la libertad positiva no suponga la restricción de la libertad negativa. Y de existir alguna restricción, tal como se extrae de la obra de Mill, ésta debe estar justificada. De hecho, el economista austríaco, Friedich von Hayek, afirma que es la libertad negativa la que posibilita la libertad positiva, ya que permite actuar a cada individuo conforme a sus creencias y opiniones.

Pero el siguiente ejemplo puede ilustrar mejor el problema que intento destacar. Hemos asumido que en las sociedades europeas occidentales el derecho de huelga se consagra en la Constitución. Como todo derecho, ejercerlo o no debe estar sujeto a la conciencia individual de cada ciudadano y el Estado debe proteger tanto a los que escogen secundar la huelga (libertad positiva) como a los que escogen no hacerlo (libertad negativa). Nos encontramos, por lo tanto, en un caso en el que la libertad negativa choca frontalmente con el derecho que se arrogan aquellos que se supone que consideran el derecho de huelga como un derecho colectivo, a coartar esa libertad negativa de los que escogen no sumarse. En este caso, no hay duda de la existencia de un conflicto entre ambas libertades y de la clara preminencia que, para el liberalismo, debe tener la concepción negativa.

La razón práctica y la afiliación

A lo largo de su obra Nussbaum destaca el rol superlativo que desempeñan en la lista de capacidades, la razón práctica y la afiliación, en cuanto organizan y abarcan todas las demás. La primera hace referencia a la capacidad de formar un concepto del bien e iniciar una reflexión crítica respecto de la planificación de la vida, es decir, a la protección de la libertad de conciencia; y la segunda a (1) mostrar interés por otros seres humanos y comprometerse en diversas formas de interacción social, es decir, empatizar; y (2) ser capaces de ser tratados como seres dignos cuyo valor es idéntico al de los demás. Para ello defiende la protección, en primer lugar, de instituciones que constituyen y alimentan las formas de afiliación, así como la libertad de asociación, de reunión y de discurso político. Y, en segundo lugar, la protección contra la discriminación por motivos de raza, sexo, orientación sexual, religión, casta, etnia u origen nacional. Estas instituciones son cuanto menos imprescindibles en cualquier sociedad que quiera autodenominarse liberal, y no deben acarrear discusión alguna.

Una teoría de la justicia social

Por último, otra idea importante de su enfoque es entender que no todas las personas pueden convertir los mismos recursos en las mismas capacidades, de ahí la pluralidad de la sociedad. No todos los individuos son iguales y no solo se ven determinados por sus capacidades físicas o psicológicas, sino también por el contexto social, cultural y político en el que se desarrollan. Por ello, el enfoque de capacidades apuesta por una evaluación de los conjuntos de capacidades de las personas y exige que se analice con detenimiento el contexto en el que tienen lugar la producción económica y las interacciones sociales y si las circunstancias en las que los individuos toman las decisiones son justas. Nussbaum propone un liberalismo político que pretende proteger la libertad individual, garantizar oportunidades materiales de realización personal y promover la cohesión social.

Pero es con respecto a la dimensión socioeconómica de la justicia, que este enfoque presenta más problemas con la concepción liberal.  Para Nussbaum, el atraso de las sociedades desfavorecidas no se puede atribuir exclusivamente a sus propios defectos institucionales y las carencias en la cultura política, omitiendo la responsabilidad del sistema económico internacional y las empresas multinacionales. Por ese motivo, la autora toma dos aspectos en consideración: en primer lugar, la existencia del derecho que estos individuos tienen a recibir y, en segundo lugar, la obligación colectiva del resto a garantizar que reciban lo que se les debe. Según Nussbaum, los deberes de la justicia social global derivan de tomar en consideración la dignidad de los seres humanos y sus implicaciones en lo que a la vida en comunidad se refiere. Y es aquí cuando propone que el Estado debe ser el responsable de la implementación de las capacidades; que las naciones más ricas deben dar una porción sustancial de su PIB a naciones más pobres; que las grandes empresas multinacionales tienen responsabilidades a la hora de promover las capacidades humanas en las regiones en las que operan; que las principales estructuras del orden económico mundial deben ser justas con los países pobres y en vías de desarrollo; y que la comunidad internacional debe prestar atención y cuidado a las personas que se encuentran en situaciones de dependencia.

Nussbaum señala un punto que choca frontalmente con la mayoría de las teorías liberales al pensar la justicia, y es que “las instituciones no se crean si las personas no las quieren y pueden cesar de existir si no interesan a la gente”. La autora no contempla la inacción del Estado en este aspecto, pues si uno vive sin una serie de condiciones mínimas, como el agua limpia o la electricidad, no podemos decir que haya libertad para hacer lo que ese quiere hacer. Por lo que, cualquier libertad requiere que el Estado brinde algunos servicios y garantías esenciales.

Una teoría de la justicia liberal

Uno de los autores que ha desarrollado una teoría de la justicia liberal y que, bajo mi punto de vista, puede solucionar algunos de los problemas de los que Nussbaum se hace eco, es Robert Nozick. El autor propone una teoría de la justicia basada en tres principios: (1) el principio de justicia de la adquisición, (2) el principio de justicia en las transferencias y (3) el principio de rectificación. Los dos primeros atienden a la concepción de una distribución justa, y el último, a la resolución de las injusticias que puedan producirse por actuaciones pasadas. Para Nozick, si una distribución fue justa en su inicio, no hay individuo que tenga derecho a hacer demandas de redistribución. Pero el problema llega cuando se violan los dos principios de justicia en la distribución. Sobre todo por la dificultad que tiene saber si las personas hoy desfavorecidas fueron víctimas antaño de una situación injusta y determinar quiénes serían los responsables de dicha situación y qué responsabilidad podría imputárseles. Nozick propone que “una burda regla práctica para rectificar las injusticias podría ser, al parecer, la siguiente: organizar a la sociedad en forma que maximice la posición del grupo que resulte menos bien situado en ella […] las injusticias pasadas podrían ser tan grandes que hicieran necesario por un lapso breve, un Estado más extenso con el fin de rectificarlas” (Nozick 1974: 227).  Pero en ningún caso esta situación debería prolongarse más de lo necesario, como parece que propone Nussbaum en su teoría de justicia. Pues no hay mejor sistema que el capitalismo para una distribución de la riqueza justa y eficiente.

[1] Las diez capacidades propuestas por Nussbaum son: vida; salud corporal; integridad corporal; sentidos, imaginación y pensamiento; emociones; razón práctica; afiliación; vivir con otras especies; capacidad para jugar y controlar el entorno propio.

BIBLIOGRAFÍA

Gough, I. (2007-2008). El enfoque de las capacidades de M. Nussbaum: un análisis comparado con nuestra teoría de las necesidades humanas.  Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, nº 100, CIP-Ecosocial/Icaria, invierno 2007/08. [Consultado el 18 Nov. 2017].

Nozick, R. (1974). Anarquía, estado y utopía. Insfree. [Consultado el 12 Nov. 2017].

Nussbaum, M. (2000). Women and Human Development. Cambridge University Press, 11-15. [Consultado el 11 Nov. 2017].

Nussbaum, M. (2011). Creating Capabilities. The Human Development Approach. The Belknap Press of Harvard University Press. [Consultado el 11 Nov. 2017].

Robeyns, I. (2003). The Capability Approach: An Interdisciplinary Introduction. [online] Disponible en: http://citeseerx.ist.psu.edu/viewdoc/download?doi=10.1.1.196.1479&rep=rep1&type=pdf [Consultado el 18 Nov. 2017].

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