Es curioso ser liberal. En mi día a día me toca rebatir tanto a socialista, como a comunistas y a socialdemócratas… hasta ahí a la gente le parecerá normal. Lo que mucha gente no se espera es que los liberales de verdad también rebatamos fuertemente los argumentos de los conservadores...

Es curioso ser liberal. En mi día a día me toca rebatir tanto a socialista, como a comunistas y a socialdemócratas… hasta ahí a la gente le parecerá normal. Lo que mucha gente no se espera es que los liberales de verdad también rebatamos fuertemente los argumentos de los conservadores más férreos y cercanos al “moralismo”. Muchos liberales se definen a sí mismos como “liberal-conservadores” tratando de ocultar lo que realmente son, moralistas que solamente quieren que les bajen los impuestos. Aún así el tema principal de este artículo no gira en torno a la concepción ideológica del liberalismo, ni por qué el liberalismo y el conservadurismo son incompatibles, ya que para tratar estos temas se necesitaría una extensión similar a la de un libro. Pero sí vamos a hacer referencia a los conservadores.

Hay uno de los aspectos del Neo-conservadurismo europeo que me preocupa enormemente, y es esa tendencia; que liderada por la “alt-right”, se ha adoptado hacia la xenofobia, el rechazo a la inmigración y el nacionalismo más rancio, que aún es capaz de proclamar que los derechos y las libertades de los nacionales deben estar por encima de los de los extranjeros. Seguro que les suena la frase “España para los españoles”. Pues bien, no hay frase que me haga hervir más la sangre. España no es ni de, ni para, los españoles, España es para todo aquel que desee venir, trabajar, emprender, innovar, progresar, generar desarrollo, independientemente de criterios étnicos o religiosos. En los últimos dos años, se ha creado una tendencia generalizada entre la capa más conservadora de la sociedad, tanto en Europa como en EEUU, que ha promovido sin cesar el rechazo a la inmigración proveniente de países árabes y sudamericanos, tachándolos sin ningún pudor de “criminales”, “traficantes”, “violadores” y “terroristas”. Atribuir a un grupo las características de menos de un 1% de ese colectivo, no solo atenta contra la teoría de la individuación, sino que muestra una gran necedad por parte de los xenófobos que promueven esos argumentos. Estos argumentos falaces, por supuesto, no están respaldados ni por el más mínimo dato, ya que podemos observar que desde 1980, en EEUU se ha producido la acogida de cerca de 7,5 millones de inmigrantes de países árabes, de los cuales tan solo dos personas han sido condenadas por terrorismo.

Podríamos defender la inmigración desde un puntode vista puramente moral, haciendo referencia a los beneficios humanitarios que podría aportar a nuestra sociedad, o como no deberíamos abandonar nuestras obligaciones morales dejando morir a miles de inmigrantes (muchos de ellos refugiados de guerra) en las fronteras. Pero no, hoy no nos vamos a parar a defender la obligación moral de aceptar inmigración, hoy voy a enfocar la defensa de la inmigración desde un punto de vista puramente económico, destruyendo dos de los principales mitos del conservadurismo europeo y americano: 1-Una mayor inmigración solo contribuye a una destrucción exponencial de riqueza, destruyendo el nivel de vida de los nacionales, y 2-Una mayor inmigración generará mayor competencia en el mercado laboral, devaluando salarios de los trabajadores locales y generando desempleo. Ambas afirmaciones son mentiras que llevan años siendo propagadas, sin que nadie se atreviese a plantar cara a los dirigentes políticos belicosos que se proclamaban orgullosos semejantes sandeces.

En primer lugar, veamos por qué la inmigración es un beneficios económico claro para nuestra sociedad. Basándonos en datos de refugiados árabes de guerra, y acorde a un estudio elaborado por la Universidad de Texas, se puede observar que la productividad de los refugiados; sobre todo los sirios, en más de un 80% de los casos, trabajaban un 4% más de horas, ganaban un 20% más y mejoraban sus capacidades sociolingüísticas un 11% más, todo esto en comparación con los trabajadores nacionales, americanos de nacimiento y de familia americana (esos que les gustan a los conservadores, aunque sean más improductivos).

Estos datos reflejan una gran cantidad de teorías que se pueden emplear en defensa de la inmigración. En primer lugar, muchos inmigrantes por la alta presión que sufren en sus países y los periodos duros de infancia y juventud que son obligados a pasar, valoran mucho más las oportunidades laborales que se les ofrecen, y si tiene la oportunidad de estudiar y crecer en un país desarrollado, sus resultados suelen ser en la mayoría de los casos mejor que los de los nacionales ¿Por qué? Muy simple. No tienen una red de seguridad, pero ellos están obligados a garantizar una. Es decir, sus familias son tremendamente pobres y no les pueden garantizar alimento, cobijo o seguridad, por lo que estos inmigrantes son totalmente dependientes de si mismos para sobrevivir, y saben que sus familias necesitan su ayuda para poder seguir adelante. Estas dificultades crean una cultura del esfuerzo nunca antes vista, mientras que los europeos y americanos seguimos protestando desde el sofá sin mover un dedo por mejorar y esforzarnos. Somos activistas de salón, estudiantes acomodados y trabajadores acomplejados.

La imposibilidad de emigrar de vuelta a casa hace que muchos de estos inmigrantes vean su futuro en los países desarrollados en el largo plazo, siendo en muchos casos, este,  un factor promotor de una mayor inversión en proyectos de emprendimiento en el medio plazo, que generan un alto valor añadido para la sociedad y beneficios económicos para los emprendedores. Este argumento se encuentra igualmente respaldado por datos, principalmente de un estudio presentado en Harvard Business Review, que muestra como, mientras en EEUU tan solo un 13% de la población son inmigrantes, más de un 27% de los empresarios son a su vez extranjeros que emigraron a los EEUU durante su adolescencia, e incluso vida adulta. Centrándonos en los mexicanos, y la gran cantidad de estereotipos que se han creado alrededor suyo en los últimos años, cabe destacar que un 29% cuando emigran a los EEUU tienen al menos un título universitario, y cerca del 32% de esos títulos son de carreras STEM (Science, Technology, Engineering, Mathematics). Esto no ha generado ni un ápice de desempleo en los EEUU, ya que actualmente la cifra se encuentra incluso por debajo del umbral de la tasa de desempleo natural, siendo esta cercana al 4% según la gran mayoría de académicos que han estudiado el volumen de empleo friccionar y voluntario en EEUU.

Centrándonos en Europa, un estudio de la Universidad de Copenhague, resalta como los inmigrantes con un mayor nivel educativo desplazan a los trabajadores nativos menos formados a puestos generalmente de manufactura, e incluso de bajo valor añadido, pero todo esto sin devaluar los salarios, ya que la renta media crece por una mayor innovación, desarrollo tecnológico e incremento de la productividad de la fuerza laboral. Por lo tanto, las áreas de Europa con un mayor flujo de inmigración han sido, a lo largo de los últimos 40 años, las que más rápido y mejor se han desarrollado, con incrementos exponenciales del poder adquisitivo, junto con enormes avances sanitarios, culturales y tecnológicos.

Para las comunidades americanas este hecho no ha sido distinto, ya que los inmigrantes han ayudado a reconstruir condados enteros y hacerlos crecer a través de una mayor interconexión con el resto de estados, e incluso a nivel internacional. Para que los conservadores moralistas no me tachen de oportunista, en esta caso un informe del Fiscal  Policy Institute de EEUU, muestra como en el caso de Minneapolis, tras una oleada de inmigrantes abrieron cerca de 5.000 nuevos comercios en tan solo dos años, y en el mismo periodo y bajo las mismas condiciones, en Filadelfia fue aún mejor, con 13.000 nuevas aperturas, siendo la mayoría de estos nuevos establecimientos abiertos en areas pobres e incluso marginales, generando empleo, oportunidades e ilusión.

En segundo lugar, me gustaría desmentir brevemente el mito de que un mayor flujo de inmigración generaría desempleo y devaluaciones salariales. Muchos políticos contrarios a la inmigración consideran que la media salarial de los ciudadanos se ha estancado desde 1970 debido a una mayor acogida de inmigrantes. Centrándonos en este caso en EEUU, y en particular en un informe del think-tank económico Niskanen Center. Desde 1980 en EEUU la tasa de crecimiento de la población activa de ha reducido exponencialmente, mientras, eso sí, aumentaba el flujo migratorio. Esta reducción en la tasa de crecimiento de la fuerza laboral americana se debe sobre todo a una manor natalidad de las mujeres entre 16 y 50 años. Por estos datos, se puede observar que la competitividad en el mercado laboral americano no ha aumentado, y es que desde 1948 hasta 1980, la fuerza laboral creció un 76%, mientras el salario medio se revalorizó; ajustado a la inflación, un 80%. Para situarnos en años más cercanos a la época actual, desde 1980 hasta 2013, la fuerza laboral creció mucho menos (debido a los factores mencionados con anterioridad), en concreto un 43%, pero los salarios se vieron aun así revalorizados, en concreto un 8% para los hombres y un 55% para las mujeres. Es decir, no es solo que la inmigración no destruya empleo ni devalue salarios, sino que la inmigración crea riqueza, genera progreso y desarrollo y eleva el estándar de vida por encima de las capacidades de los trabajadores nacionales.

Tras todos los datos expuestos y los argumentos que se han dado a favor de la inmigración, es hora de plantar cara a los conservadores moralistas de la “alt-right” y demostrarles como una mayor inmigración no hace daño a la clase media trabajadora, ni en teoría, ni en la práctica,  e incluso ha ayudado a elevar salarios y generar un tremendo progreso socioeconómico en el ultimo medio siglo. Cuando los políticos se empeñan en imponer barreras a la inmigración, en realidad están imponiendo barreras al progreso y el desarrollo del conjunto de la inmigración. Como liberal siempre defenderé el libre movimiento de capitales, mercancías; y ante todo, de personas. Es curioso ser liberal.

Promote freedom & enforce prosperity.

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