El que os escribe no es que sea muy amante de los videojuegos, pero tampoco es del todo ajeno a lo que en ese mundillo sucede. Se puede decir que sólo ha habido una saga de videojuegos que de verdad me haya enganchado: Assassin´s Creed. Sin dejar de lado la...

El que os escribe no es que sea muy amante de los videojuegos, pero tampoco es del todo ajeno a lo que en ese mundillo sucede. Se puede decir que sólo ha habido una saga de videojuegos que de verdad me haya enganchado: Assassin´s Creed. Sin dejar de lado la onírica lucha entre la Hermandad de los Asesinos –los buenos- y la Orden Templaria –los malos- , en cada entrega podemos adentrarnos en una época distinta, adentrándonos de lleno en el pasado. Mi entrega favorita de la saga es el ACIII, ambientado en la Revolución Americana. No sólo es mi favorito porque sea un apasionado del nacimiento de EEUU, sino porque la trama es brillante, y la exactitud histórica exquisita. El resto de tomos se ambientan en el Levante durante la Tercera Cruzada, en la Italia Renacentista, en la Edad de Oro de la piratería, en la Revolución Francesa,… y, por último, en el Egipto Ptolemaico. En mi nada especialista opinión, a partir de la cuarta entrega la trama que enmarca la lucha entre asesinos y templarios fue perdiendo calidad, a la vez que la ambientación histórica crecía en calidad.

Sin embargo, hoy voy a hablar del Victory, ambientado en Londres en 1869. Antes de empezar a criticar, veo oportuno contar algo sobre este juego: Los protagonistas son dos asesinos gemelos que van a Londres para liberar al mayor emporio del mundo del yugo de la orden del Temple. Templarios que controlan el gran capital y los poderes fácticos, lo que les permite explotar a la población, crear monopolios, fomentar el trabajo infantil –aunque fuese ilegal ya en aquellos años- y usar al Imperio Británico como instrumento para crear un Nuevo Orden Mundial. Lo que está narrando, ciertamente, es el mercantilismo industrial que se daba durante los gobiernos conservadores en el siglo XIX. Los aristócratas se aprovechan de los beneficios de la Revolución Industrial, y de su influencia en el gobierno, para lucrarse a base de aranceles y Capitalismo de amigos. En el juego aparecen personajes como la Reina Victoria, Benjamin Disraeli, William Gladstone, Charles Darwin, Aelexander Graham-Bell,... y, por supuesto Karl Marx.

Cuando vi la misión especial dedicada a Karl Marx me percaté de que desconocen totalmente su biografía y la coyuntura de los sindicatos ingleses en esos años. Podemos ver al padre del Socialismo Científico hablando inglés fluidamente, cuando en sus años viviendo en Londres –que no fueron pocos- fue incapaz de aprender a hablar inglés. Podemos verle visitando un montón de fábricas, cuando casi nunca se molestó en observar de primera mano cómo trabajaban los obreros. También le vemos organizando mítines obreros, a la vez que intenta que la policía no se entere. Esto no tiene ni pies ni cabeza ya que en esa época las libertades de reunión y sindicación estaban más que asentadas, amén de que, como bien cuenta Escohotado en los Enemigos del Comercio, las Trade Unions votaban en masa al Partido Liberal de Gladstone. En Inglaterra, los sindicatos nunca fueron marxistas, y sólo empezaron a ser en su mayoría socialista con el nacimiento del Fabianismo y el Laborismo en los albores decimonónicos. Marx no fue tomado muy en serio por los hijos de la Gran Bretaña, que crearon un socialismo propio.

Entonces, ¿Acaso desconoce el equipo de Ubisoft este pasaje de la Historia? Quizás; pero como dice el famoso refrán castellano: “Piensa mal y acertarás.” La compañía francesa está totalmente infectada por el virus de lo políticamente correcto y de la ideología de género, y no está muy bien visto por la patulea progre hablar mal de Marx. Otro ejemplo en el que se ve que la infección empieza a ser grave, es la aclaración que aparece en sus videojuegos: “Este juego ha sido desarrollado por personas de distintas razas, países, credos y orientaciones sexuales.” No vaya a ser que el desarrollador vaya a ser blanco, cristiano y hetero… ciertamente, me importa muy poco en que Dios crea, de que raza sea o la orientación sexual del desarrollador. Lo importante es que haga un buen trabajo y lo que desarrolle guste al público. Quiero personas, no colectivos.

Este, es otro ejemplo más de como el marxismo cultural y la nueva izquierda se está adueñando de todos los aspectos de la cultura. O empezamos a dar la batalla de las ideas o puede que sea demasiado tarde.

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