Si los reguladores de la UE quieren incorporar una "política basada en la evidencia”, primero deberán atajar el caos en las “evidencias” que manejan.

El término "política basada en la evidencia” ha ganado popularidad este año a medida que la Marcha por la Ciencia ha atraído la atención internacional. Sin embargo, la aplicación de la investigación científica en la formulación de políticas deja mucho que desear. La ciencia como herramienta solo puede darnos respuestas, pero la calidad de esas respuestas depende de que hagamos las preguntas correctas. Desafortunadamente, no todos hacen eso. Los lobbies, en su labor de grupo de presión, plantean cuestiones engañosas a los políticos y legisladores y ello acaba suponiendo que la investigación se distorsione por el camino. ¿El resultado final? Malas políticas públicas que no son tan científicas.

La actual Directiva de la UE sobre Diseño Ecológico, enmarcada en su estrategia de energía limpia para 2020 en adelante, es uno de tantos ejemplos en que formular preguntas equivocadas ha llevado a conclusiones políticas desconcertantes. Una política destinada a reducir los residuos medioambientales y a mejorar la salud pública puede acabar haciendo justamente lo contrario. Para evitar las consecuencias de una política deficiente, necesitamos ubicar la materia sobre la que versa en un marco científico sólido.

El ejemplo más evidente de esta distorsión es el impacto de los secadores de manos en la eficiencia energética y la salud pública. El estudio preliminar de la directiva llevó a algunas conclusiones ciertamente alarmantes sobre el rol de los secadores de manos, comparándolos negativamente con las toallas de papel en términos de higiene y haciendo extrañas afirmaciones sobre los incentivos para producir tecnologías de secado de manos energéticamente eficientes. El estudio investigó parte de la literatura sobre los efectos de los secadores de manos eléctricos, pero excluía cualquier investigación sobre los efectos de las toallas de papel, presentando así un claro sesgo en favor de uno de los productos que pretendían comparar.

Además se afirma, sin justificación, que los reglamentos que se pretenden introducir son "claramente favorables a los secadores de manos energéticamente eficientes [y] la aplicación de los requisitos de diseño ecológico podría ayudar más bien a los fabricantes a expandirse". Se trata de conclusiones firmes que hay que sacar sin pruebas que las respalden, lo que va claramente contra el propio principio de sustentar las políticas en evidencia científica.

La visión negativa sobre los secadores de manos que defiende el estudio es el resultado del estrecho alcance de los estudios consultados, con únicamente cuatro estudios utilizados para apoyar sus conclusiones. Es primordial que una política sólida y basada en la evidencia consulte a todo el cuerpo de investigación sobre un tema y no solo a unos pocos.

Los cuatro estudios consultados arrojaron conclusiones negativas sobre la higiene de los secadores de manos y todos tenían métodos de ensayo distorsionados. Uno de los estudios hizo que los participantes sumergieran las manos en guantes en una solución llena de bacterias y calculó cuánto se diseminó la bacteria al secarse. Esta es una pregunta absurda que predispone claramente a los estudios a privilegiar ciertos productos sobre otros. Las personas no utilizan secadores de manos cuando sus manos están cubiertas de gérmenes; utilizan secadores de manos después de lavarse las manos. En todo caso, estos estudios muestran que se debe animar a las personas a lavarse las manos minuciosamente y revela poco sobre el uso de secadores de manos.

El microbiólogo de Dyson Toby Saville se refirió a los estudios que utilizaron este enfoque "fundamentalmente errado” y puso en duda la integridad de los científicos que los llevaron a cabo. El estudio más citado en la consulta fue financiado por el European Tissue Symposium (ETS), una asociación comercial que representa a los fabricantes de toallas de papel. A medida que las empresas adoptan cada vez más los secadores de manos, que a largo plazo son más rentables que las toallas de papel en términos de mantenimiento, el RCCDE tiene un claro incentivo a  falsear la investigación sobre el tema llegado el momento de presionar al legislador. La industria de las toallas de papel es, en la actualidad, cinco veces más grande que la industria de los secadores de manos en Europa, pero su dominio en el mercado continúa decayendo a medida que la tecnología de secado mejora y sus costes disminuyen.

Un enfoque de política basada en la evidencia debe ser consciente de los sesgos presentes en los estudios que citan y de que, aunque no invalidan intrínsecamente sus afirmaciones, requieren investigación adicional y estudio independiente.

La investigación publicada en el "Journal of Microbiology" y otra de la Clínica Mayo no encontró diferencias significativas en el nivel de microorganismos después de secarse las manos con aire caliente en comparación con las toallas de papel. En 2009, un artículo en el Foro de Microbiología Farmacéutica revisó varios estudios sobre toallas de papel versus secadores de aire y concluyó que no había pruebas sólidas para afirmar que los secadores automáticos son antihigiénicos. Se ha demostrado que los filtros HEPA, comunes en la mayoría de los secadores de manos modernos, eliminan el 99% de las bacterias dispersas de las manos en el aire, lo que demuestra aún más que los avances tecnológicos han mejorado la calidad del secador de manos.

Como en toda investigación científica, una buena dosis de escepticismo conduce a mayores indagaciones y produce resultados sólidos. Una "política basada en la evidencia” significa seguir ese protocolo y consultar grandes volúmenes de literatura y metodologías criticadas. En ese sentido, la consulta preliminar de la Directiva de Ecodiseño fracasó.

Los encargados de formular políticas interesados en promulgar políticas basadas en la evidencia deben aprender a leer la literatura científica y comprender la metodología científica. De lo contrario, la frase se convierte en nada más que una estrategia de marca.

Ryan Khurana es investigador en el Consumer Choice Center.

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