La verdad es que después de ver los atentados de Barcelona y Cambrils del pasado 17 de agosto pensaba que no iba a vivir otro día de tristeza igual en mucho tiempo por Catalunya, en particular, y por España, en general. En aquel atentado vivimos una descordinación total entre los diferentes cuerpos de seguridad por culpa de las diferencias políticas entre Gobierno central y Govern. Iluso de mí, pensé que esa situación podría dar como resultado una mayor coordinación y podría servir también para limar asperezas entre un pueblo que está dividido en dos como pudimos ver el 1 de octubre.

Antes de continuar con mi opinión me gustaría hablar un poco de lo que creo que representa SFL, y estos días con todo este asunto del referéndum me ha parecido que algunos miembros han/hemos fallado a los valores que queremos representar. ¿Saben por qué participo de este proyecto? Porque creo en la libertad y soy joven, quizás es algo raro viendo los tiempos que corren, donde eso de querer tener más responsabilidades, suceda lo que suceda, se antoja como una misión imposible para universitarios. Yo me he propuesto hace tiempo convencer a otras personas que en esa libertad y responsabilidad vivimos mejor, porque podemos desarrollar todas nuestras potencialidades según nuestros impulsos, deseos y preferencias, todo ello combinado con el respeto mutuo y la pluralidad de opiniones.

Justamente, dentro del liberalismo/libertarismo —tener que usar estos dos términos porque hay gente que no se incluye en alguno de los dos es triste y muestra lo mucho que debemos hacer y trabajar por construir un proyecto común— conviven numerosas familias o tribus, y lógicamente, congeniaremos más o menos según nuestras afiliaciones con otros liberales/libertarios que opinen de forma similar a nosotros. Pero precisamente, si uno de los valores fundamentales que acompaña a la libertad es el respeto, ¿por qué no lo practicamos entre nosotros?

 Tatuémonos lo siguiente: existen muchos caminos para conseguir la libertad, unos van en línea recta, otros dan más rodeos tratando de sortear ciertos obstáculos y problemas, pero al final la meta es la misma: menos Estado, más poder para los individuos, más voluntariedad, más pluralidad, más convivencia, más mercado, más tú, más yo, más nosotros, y menos ellos manejándonos a su antojo. Y SFL entiende esto a la perfección, somos una gran tienda de campaña donde estamos todas las familias del liberalismo.

Precisamente, como somos conscientes tanto de la pluralidad existente dentro de SFL como la necesidad de que cada personas integrante de la asociación mantenga firme sus principios, cosa contraria a lo que ocurre en los partidos políticos, en temas como los de Cataluña, no podemos posicionarnos con ningún comunicado, pero si podemos visibilizar las diferentes opiniones sobre todo este asunto, que es justamente lo que se permite desde la dirección de SFL de manera acertada, cediendo el blog para que cualquiera pueda mostrar su visión sobre los hechos y condenando lo que quiera condenar. Lo repito otra vez: no somos un partido político, por lo que no pretendamos repetir como cacatúas ciertas directrices sin respetar las opiniones de todos los integrantes de SFL; somos un espacio de debate muy abierto, que trata de recoger todas las sensibilidades encontradas en el mundo liberal/libertario, todos tenemos como objetivo más libertad, así que pararse en debatir en los medios —que son importantes— nos aleja de nuestro fin último: la libertad. Ahora toca trabajar en equipo para celebrar nuestra fiesta, que es la Conferencia Regional del 14 de octubre en Madrid, no nos distraigamos en cosas que nos pueden acabar perjudicando.

Por último, me gustaría aprovechar para dar mi opinión sobre lo ocurrido en Barcelona, y si lo tengo que describir con una sola palabra es vergüenza. Vergüenza por ver a la situación a la que hemos llegado ayer, en la que un movilización pacífica —querer opinar sobre algo—, fuera del debate de si debería tener validez o se le deberían haber dado las condiciones legales para que valiese de algo más que para manifestar una parte de la opinión del pueblo de Cataluña, no debería haber sido atacada como fue. Y aquí la culpa ha sido tanto del Gobierno central como del Govern, unos usando de escudo a la Policía Nacional y a la Guardia Civil, otros a una parte de la población para buscar imágenes que legitimasen sus desacertadas actuaciones en todo el proceso. Lo que está claro es que si el objetivo era que no se celebrase el referéndum, el fracaso ha sido rotundo, aunque sin garantías, la gente ha votado, y Puigdemont ahora habla de que esta semana declararán la independencia de forma unilateral.

El nacionalismo catalán ha usado muchas mentiras en su deriva independentista, pero tratar de combatirlo con otro nacionalismo y mirando para otro lado no ha servido de nada. El fuego se tiene que apagar, pero unos no lo han querido ver, otros le han echado más leña, y quien se está quemando somos nosotros, los súbditos que pagamos la fiesta de los políticos. La situación exige elecciones generales y autonómicas y mucho debate, e incluso, dar la posibilidad de salirse de la convivencia conjunta.

Soy partidario del derecho de secesión, pero no estoy a favor de la independencia, y al sentimiento independentista se le combate con razones y argumentos, no con una bandera más grande. El mundo actual se construye derribando muros, no construyéndolos, pero está claro que nadie debe vivir como otros le digan que debe hacerlo, y precisamente, la libertad conlleva responsabilidad, también cuando nos equivocamos, porque cuando ésta se desea, hay que hacerlo con todas sus consecuencias.