Los partidos políticos pretenden concentrar un agregado más o menos heterogéneo de preferencias.

Para ello elaboran un programa en el que muchas veces se ven obligados a hacer malabares para conseguir compatibilizar esos distintos agregados.

Podríamos concebir este programa como el fruto de la negociación interna, esa lucha entre las distintas preferencias que agrega el partido. Pero lo que desde mi punto de vista define a un partido son sus preferencias con respecto a la negociación externa, esa que van a tener que llevar a cabo con otros partidos.

Las preferencias en cuanto a la negociación externa suelen ser más opacas, implícitas, no suelen incluirse en los programas ni se desprenden del ideario. Estas preferencias tienen que ver sobre todo con la practica política, con la elección, la renuncia y la preferencia por unos puntos del programa propio frente a otros.

Todos tenemos claro, por ejemplo, que, aunque muy bonito el programa económico de VOX, este quedaría relegado a un muy segundo plano en cualquier negociación externa primando probablemente puntos más nacionalistas y conservadores.

El Partido Libertario tiene probablemente un programa completamente liberal pero no conocemos (yo al menos) cuales serían sus preferencias una vez lleguen a la arena política y deban renunciar a parte de sus reclamas para poder influir sobre otra parte.

Los liberales solemos tener miedo a este tipo de comparaciones utilitaristas dentro de nuestro programa. Parece que o nos lo conceden todo o mejor que no nos den nada. No suele ser popular entre liberales comparar o defender con más intensidad unas libertades sobre otras (económicas, sociales, políticas…).

A mi esto me parece un error si se pretende entrar en el juego político. Es como conocer el destino, pero no conocer el camino.

Pero que me parezca un error es irrelevante. Lo que en realidad me impulsa a escribir este texto es que creo que sí hay algunos argumentos o razonamientos que nos pueden ayudar a, sin salir de la lógica de la libertad, comparar algunas libertades frente a otras. En lo que resta de articulo intentaré esbozar algunos de estos razonamientos.

1. El problema de sumar peras y manzanas

El principal problema a la hora de comparar libertades es la subjetividad. Tengo entendido que en Singapur está prohibido comer chicle. Y sin embargo no existe un marco objetivo para afirmar que no comer chicle es un coste bajo a cambio de una drástica bajada del tamaño del Estado.

Cada cual tiene su escala de preferencias en las que cada prohibición impacta con distinta intensidad.

2. Medición subjetiva

Lo gravoso de una prohibición o restricción de libertad dependerá sobre todo de 2 puntos.

Por un lado, dependerá del grado de colisión de la prohibición con tu curso de acción deseado. Si a mi no me gustan los chicles, la prohibición de Singapur me afectará más bien poco.

Por otro lado, también dependerá de la valoración que demos a ese curso de acción afecto a colisión frente al curso de acción alternativo que escojamos. No es igualmente gravoso que me prohíban un curso de acción para el que tengo alternativas similarmente valoradas, a que me prohíban un curso de acción para el que no dispongo de sustitutos.

3. Prohibiciones fáciles de comparar.

Existen un tipo de prohibiciones muy fáciles de comparar de forma objetiva ya que no involucran la suma de frutas distintas. Estos casos los podemos llamar los solapamientos completos o, dicho de otra manera, cuando A contiene o abarca completamente a B.

Por ejemplo, si tuviéramos que escoger entre que nos prohíban correr o que nos prohíban movernos; parece evidente que es objetivamente preferible la primera de ellas.

4. Prohibiciones de orden y de magnitud superior.

Igual que con los derechos, podemos clasificar las limitaciones de libertad entre negativas (nos prohíben hacer algo) y positivas (nos obligan a hacer algo).

En general, las limitaciones negativas a la libertad son menos gravosas y, por tanto, preferibles. Esta superioridad no nace de un absoluto lógico como en el punto anterior, sino que es una superioridad de grado lo que no quita que puedan encontrarse excepciones. Es como la superioridad de la multiplicación frente a la suma. Lo normal es que, cogiendo 2 números al azar, su producto sea mayor a su suma, aunque no siempre tiene por qué ser así.

A mi entender, esta superioridad de grado, de orden de magnitud, surge del hecho de que todas las limitaciones a la libertad pueden expresarse (o entenderse) de ambas formas, tanto negativa como positivamente. Si te obligan a hacer algo, tienes prohibido hacer cualquier otra cosa; si te prohíben hacer algo, te obligan a hacer alguna de las otras cosas.

Lo que ocurre es que normalmente al dar la vuelta a una de estas limitaciones a la libertad, nos encontramos con una lista ilimitada de acciones que no podemos expresar en una frase. Si a mi me obligan a pagar el 50% de mi producción, me están prohibiendo emplear esa renta en consumo de manzanas, de peras, de plátanos, de…

5. Las libertades económicas son, en general preferibles.

Tengo algunas discusiones con amigos en torno a este punto. Tal y como yo lo veo, las libertades económicas o, bajando al plano practico, los impuestos, son una limitación positiva a la libertad. Es decir, si el Estado me exige en 50% de mi producción, me está exigiendo el 50% de mi tiempo resultando irrelevante en qué quiera emplearlo. Me están prohibiendo emplearlo en cualquier otra tarea. Es una prohibición ilimitada que impacta contra el curso de acción de cualquiera de manera no subjetiva.

Evidentemente, cada uno podemos encontrar otras libertades distintas a las económicas que subjetivamente valoremos más que ese 50% de tiempo. Pero eso no quita que, por su componente objetivo, y en agregado, una limitación positiva como es esta vaya a tener un impacto, en general, mayor.

Disclaimer: con esto no pretendo echar a ningún liberal a los brazos de VOX (de hecho, creo que, dentro de la irrelevancia del voto, premiar al Partido Libertario es algo mucho más útil), sino hacernos pensar y debatir no solo sobre nuestras preferencias (internas) si no también sobre nuestras preferencias sobre las preferencias (externas). Solo así creo que podremos, cuando llegue la oportunidad de tener cierta influencia, gestionar de forma realista (y coherente) el barro político.

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