Entre todos los debates que los amantes de la libertad han venido desarrollando a lo largo de la historia, existe consenso en torno a uno: la mayor limitación posible a los poderes del Estado.

Hoy en día, uno de los mecanismos con los que contamos para garantizar esa limitación es el periodismo, también conocido como “cuarto poder”, le pese a quien le pese.

Es por ello que cualquier amante de la libertad debería estar de acuerdo con el articulo 20 de la Constitución Española, donde se protege y blinda la libertad de información y expresión. La defensa de los liberales de este tipo de articulo es necesaria ya que hay otro grupo, los liberticidas, que pretende amordazarlo para así poder campar a sus anchas.

La situación, o mejor dicho el clima, de miedo en la que vivimos es un campo de cultivo muy fértil para sembrar las ideas totalitarias en la población. Como dijo Gabriel Albiac: «el miedo es un mecanismo de la servidumbre humana puesto que suprime el presente mediante la promesa de un futuro glorioso». Una sentencia que junto con las palabras de Tocqueville: «la democracia hace ciudadanos independientes pero débiles. Si se sienten débiles pueden tener anhelo de autoridad».

Partiendo de estas dos premisas, se han puesto manos a la obra para poder eternizarse en el poder mediante la caza y captura de los medios de comunicación. Aunque muchos de nuestros actuales dirigentes se froten las manos pensando en prohibir ciertos periódicos y radios, o censurar distintas opiniones, son conscientes que deben de hacerlos de manera más sutil.

En un primer momento comenzaron con una modesta inversión en los medios privados, cosa que hizo cierto efecto, puesto que algunos medios se han convertido en relaciones públicas del Gobierno, para dejar en un segundo plan un papel de periodistas. Viendo que tenían ya cierta prensa de su parte, ¿por qué no ponerles palos en las ruedas a los que se atreven a ser desleales? Entonces vino esas esperpénticas ruedas de prensa junto con el cierre del portal de Transparencia.

Lord Acton remitió una carta al obispo Mandell Creighton explicando que cualquier poder absoluto tendía a la corrupción absoluta. Por eso, el Estado es el ente con tendencia natural al acaparamiento del poder total. Partiendo de lo anteriormente expuesto, parece que estas prácticas, de dudosa calidad democrática, desempeñadas hasta ahora no han sido suficientes. Necesitan más.

Debido a esa esencia, ponen en marcha una búsqueda legislativa con la inestimable ayuda de la imparcial Fiscal General Dolores Delgado. Esta búsqueda de un tipo penal responde a cierta deriva punitivista y con un olor totalitario que no puede con él. Claramente, no podía faltar el ingrediente secreto de los roussoniano: la justicia social, aunque últimamente ha sido suplantado por el “bien común”. Como ya hemos dicho adelantado, esbozan un cuerpo jurídico para eliminar los bulos o las noticias falsas. La cuestión es: ¿qué es un bulo?

Aquí ya vemos una de las características principales de un Estado totalitario, la arbitrariedad. En la actualidad, contamos con un ordenamiento jurídico el cual hace frente a la información inveraz. Por lo tanto, ¿dónde está la necesidad de crear otro paralelo? Tal vez, creen un sanedrín censor donde se aclare que es cierto y que no lo es. ¡Quién dudaría de las bondades del Estado para no dejarle tal privilegio!

Sin embargo, esas bondades se desmoronan cuando hacemos un breve repaso de las declaraciones que se han hecho al respecto de esto. El ministro del Interior fue el primero en plasmar esta idea en una declaración donde nimiamente planteaba sus intenciones. Días posteriores empezaba a tomar la cuestión ese cariz totalitario cuando escuchamos que se pretende perseguir los “discursos de odio”, aunque algunos le adosen el comodín de la extrema derecha para intentar legitimidad al asunto. Pero si todavía quedase algún ingenuo que se deje arrastrar por estas pueriles etiquetas, tenemos las ya míticas declaraciones del jefe de la Guardia Civil: “minimizar el clima contrario a la gestión del Gobierno”.

La única finalidad es imponerse en el campo de batalla de la opinión y, de esta manera, perpetuarse en el poder, pues habrán silenciado aquel reducto de información que podía hacerle frente. De esta manera, la información oficial será la veraz, como pasaba en los países totalitarios donde el ministerio de propaganda y de estadística estaban en el mismo edificio. Cosa que en nuestro país también parece ser así, y si no que se lo pregunten a Tezanos y sus preguntas con las respuestas incluidas en las mismas.

Llegados a este punto, debemos tener presentes las palabras de Thomas Jefferson: «cuando el pueblo teme al Gobierno hay tiranía, cuando es el Gobierno quien teme al pueblo hay libertad». No debemos de ceder ni un paso más ante tal proyecto político que lo único que nos puede llevar es a cercenar nuestra libertad convirtiendo un estado de alarma en un estado alarmante. No podemos permitir la legitimidad de un gobierno que intenta meterse en nuestra vida mediante la “monitorización” y utilizar la premisa de “por lo que pueda pasar”. El Estado es como el genio de la lámpara, una vez que sale es muy difícil volverlo a meter.

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