“Chavismo: la peste del Siglo XXI” es una escalofriante ventana al recorrido del chavismo, desde el intento de golpe de Estado de 1992 hasta la muerte de Hugo Chávez, en marzo de 2013.

Esta obra dirigida por Gustavo Tovar Arroyo, publicada el 15 de junio de 2018 bajo el patrocinio de la fundación “Humano y Libre” nos recuerda a través de testimonios, entrevistas, imágenes y fragmentos extraídos de multitud de medios de comunicación, la trayectoria de represión del régimen de la revolución bolivariana, en un momento oscuro en que sus ideas amenazan con extenderse al resto del mundo.

El documental comienza con una secuencia de imágenes que evidencian algunos de los síntomas más graves de la crisis venezolana, acompañadas de audios superpuestos que recogen las promesas de Hugo Chávez. Todo esto, interrumpido periódicamente por testimonios de algunos de los entrevistados, que describen los efectos nefastos de las políticas del expresidente en el país.

Esta introducción establece el tono de tensión que marcará el resto del documental, así como deja claro su principal objetivo: desenmascarar los horrores del régimen de Chávez y mostrarlos en toda su crudeza. Para esto, la narración de Tovar se divide en una serie de epígrafes (p. ej. “violencia”, “democracia”, “represión”, entre otros). A lo largo de ellos se distribuyen los episodios más oscuros de la historia reciente de Venezuela, desde el golpe de Estado de febrero de 1992 hasta la toma de posesión de Maduro como presidente, pasando por la represión violenta, la hiperinflación y la hambruna, sin olvidar, por supuesto, la desenfrenada corrupción (incluida la anterior al gobierno de Chávez).

El documental cuenta con el testimonio de primera mano de muchos venezolanos de a pie, pero, sobre todo, destacan las entrevistas con personajes tan notables como Mario Vargas Llosa, Diego Arria, Ricardo Hausmann, Felipe González y Oscar Arias, entre muchos otros. No obstante, si bien es muy interesante conocer sus aportaciones, se echa de menos su contraposición con puntos de vista más favorables al régimen. Podría parecer que esto es opuesto al propósito del documental, pero, al contrario, podría obrar a su favor señalando las mentiras chavistas.

Respecto de su contenido, el documental consigue recoger a la perfección muchos de los eventos más infames ocurridos durante la presidencia de Chávez. Ningún venezolano que haya vivido la situación de su país de primera mano echará de menos algún acontecimiento más violento que los que este reportaje pretende mostrar al mundo. Debido a su organización por epígrafes temáticos y no cronológicos, sin embargo, las personas que no hayan vivido la historia del régimen de Chávez tan de cerca seguramente sigan el documental con algo más de dificultad. Esta forma de organización, si bien cumple su propósito, supone la falta de referencias espaciales y temporales y dificulta la cohesión de los eventos a través de la óptica del espectador medio extranjero.

Otro aspecto a destacar del largometraje es el de las imágenes en vídeo. El grueso de la hora y media de duración del mismo consiste, casi íntegramente, en imágenes extraídas directamente de la televisión venezolana (desfiles militares, discursos, emisiones oficiales, etc.) pero sobresalen sobre las demás las fotografías y vídeos grabados por reporteros independientes; es decir, las imágenes capturadas de primera mano en las manifestaciones, revueltas, violencias callejeras, etc. Este ha sido siempre el testimonio más auténtico de la represión chavista, y, si bien ocupa un porcentaje inferior de tiempo en pantalla, es la prueba más legítima de las masacres cometidas.

Estas imágenes, a lo largo de la duración del documental (aproximadamente 90 minutos), son interrumpidas de manera periódica por el sonido de un disparo, acompañado del mensaje “un venezolano acaba de morir asesinado; cada 20 minutos muere una persona en Venezuela víctima de la violencia”. Estas interrupciones, junto con la selección de colores y la música original de Jorge Aguilar, que oscila entre lo melancólico y lo terrorífico, se suman a las imágenes y testimonios perturbadores del documental, creando una atmósfera de horror para el espectador.

Gustavo Tovar Arroyo tenía un objetivo claro con este documental: exponer las masacres de la dictadura chavista. A través de una selección de los eventos más relevantes de la historia del chavismo, con la ayuda de los testimonios de los entrevistados y de muchos venezolanos anónimos, consigue poner sobre la mesa en tan solo 90 minutos los peores episodios de violencia, pobreza y represión que se sucedieron a lo largo de los 14 años de presidencia de Hugo Chávez. La calidad de las imágenes escogidas y de la banda sonora original, por otro lado, no hace más que acentuar el impacto de este largometraje, en el que, si bien se echan de menos más referencias cronológicas y geográficas, cumple su función con creces.

Largometrajes documentales como este son de suma importancia en un momento en que, ante la notoriedad de los crímenes contra la humanidad cometidos por el gobierno de Nicolás Maduro, que ya han sido denunciados no solo por multitud de países, sino también de organismos internacionales, muchos se han olvidado de que la crisis humanitaria de Venezuela comenzó con otro apellido.

Este documental, por lo tanto, no solo es recomendable para todo aquel que sea extraño a la historia venezolana reciente, sino también para todos aquellos que quieran recordar cuál fue el origen de la dramática situación de la Venezuela de hoy en día. Tal vez el mensaje implícito más importante y terrorífico del documental sea el del peligro, y es que Chávez no fue ni el único ni el último tirano con el don de la labia. Por esto mismo, les invito a todos a ver el documental, así como a informarse, y a defender su libertad, porque, si en algo acertó Ronald Reagan (y Venezuela es el claro ejemplo), es que “la libertad nunca está a más de una generación de su extinción”.

Documental completo: 

 

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