"Conversando con jóvenes liberales" es un nueva sección del blog que busca dar a conocer a algunos de los integrantes y colaboradores de la organización en España.

E - Buenos días Javier y gracias por aceptar esta entrevista. Nos gustaría empezar preguntándote sobre cuándo y cómo entraste en contacto con las ideas de la libertad.

J - Si no recuerdo mal, mi primera toma de contacto fue a través de Twitter, cuando leí algunas críticas a la teoría del valor y de la explotación marxistas desde una perspectiva austriaca. Aquello suscitó mi interés y mientras seguía perteneciendo a una organización anarcocomunista, comencé a formarme más en profundidad. Las clases de Jesús Huerta de Soto y, sobre todo, el blog de Juan Ramón Rallo jugaron un papel fundamental.

E - Ahora que te conocemos más, nos gustaría saber qué piensas sobre algunas cosas. La primera pregunta es obligatoria. ¿Qué es para ti la libertad y qué implica defenderla?

J - La libertad podría ser un principio jurídico individual con la función de regular el abanico de acción de cada cual en relación con todos los demás. Siendo libre por defecto, salvo prohibición explícita, se pone la carga de la prueba sobre quien desee prevenir ciertos comportamientos ajenos. Defender la libertad es participar activamente de un esfuerzo para aproximarnos a la utopía. Es desafiar el orden establecido, si es antiliberal; o custodiarlo, si no lo es.

E - Conocemos tu pasado como militante de varias asociaciones marxistas… ¿Cómo se pasa de eso a ser miembro de SFL?

J - Con mucho cuidado. Cualquier transición ideológica de este calibre siempre supone un coste personal elevado. Fui considerado un traidor y un necio a partes iguales por muchos de quienes fueron mis compañeros. Para ellos yo me posicioné a favor de la explotación, los desahucios, el hambre, la guerra, el deshielo de los polos y al fin y al cabo, el mal sobre la faz de la Tierra. Desvelé mi escepticismo con cuentagotas hasta que el asunto fue un secreto a voces. Para entonces, sólo la excepcional relación personal que mantenía con ciertas personas mantuvo mi lazo con el movimiento. Students For Liberty fue el producto de una destrucción creativa.

E - Como bien sabes, en el liberalismo no hay muchos ingenieros. ¿Crees que hay conexiones entre lo que se estudia en una carrera de ingeniería y la preocupación por las políticas públicas, por ejemplo?

J - Los programas de estudios que se imparten hoy por hoy  en las universidades están desconectados de todo menos de su propia dinámica institucional. La ingeniería podría ser un hervidero de creatividad y recreación técnica, pero el corsé que asfixia su aprendizaje nos corta las alas. La mayor preocupación acerca de las políticas públicas que ahora mismo tienen los ingenieros se basa en convertir su profesión en un gremio medieval a través de regulaciones y colegios porque creen que la sociedad está en deuda con ellos. Un panorama, cuanto menos, desalentador.

E - También sabemos que fuiste uno de los fundadores de un grupo de liberales feministas. ¿Qué te llevó a ello? ¿Se puede ser feminista sin caer en el discurso paternalista de los colectivistas?

J - Convivir mucho tiempo con el feminismo en el seno de movimientos de izquierdas me ayudó a generar una sensibilidad sobre el asunto. Gracias a él ahora comprendo mejor el mundo que me rodea y las circunstancias particulares de muchas personas que lo habitan. No creo que exista un único feminismo y sin duda hay margen para que nuevas aproximaciones surjan y se desarrollen al respecto. Sin duda, una de las tareas pendientes del liberalismo.

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