"Conversando con jóvenes liberales" es un nueva sección del blog que busca dar a conocer a algunos de los integrantes y colaboradores de la organización en España.

E - Buenos días Noemí y gracias por aceptar esta entrevista. Nos gustaría empezar preguntándote sobre cuándo y cómo entraste en contacto con las ideas de la libertad.

N - Pues qué buena pregunta. Creo que he llegado a ser liberal en una mezcla de descarte y consecuencia lógica. En primer lugar, procedo de una familia en la que la responsabilidad es un valor fundamental, y en la que asumir consecuencias ha sido el resultado natural después de tomar cualquier decisión. Además, en mi familia siempre se ha creído que la educación es la herramienta básica para el desarrollo de cada uno, indispensable para ser realmente autosuficiente.

No negaré que la meritocracia ha estado siempre presente también en mi vida, pero no como modulación del sueño americano con su “si te esfuerzas, lograrás todo”. En realidad, en mi vida lo que ha estado siempre presente ha sido la idea de que el esfuerzo, convenientemente dirigido, puede ofrecer resultados positivos. A lo mejor no son exactamente los que buscas (todos podemos errar en nuestras previsiones), pero sí tienen algo aprovechable. Y, por supuesto, también creo que decidir en qué invertir el esfuerzo y cómo es un componente fundamental del éxito en la consecución de los objetivos. Por eso rechazo siempre el “si te esfuerzas, todo irá bien”. No, mira, hay que esforzarse bien en el sitio correcto y de la manera adecuada. Y desprenderte de algo de resentimiento por el mundo, también. Siempre he creído lo que decía mi padre de sí cuando empezó a trabajar: “si los que me rodean pueden hacerlo, yo puedo ser como mínimo igual de bueno”.

Decía que también he llegado a las ideas de la libertad por descarte. Mi formación es variada, pero por encima de todo lo demás soy una persona con formación en Filosofía. Cuando te toca ver la historia del pensamiento en la carrera, puedes hacerlo de dos maneras: memorizando, o sacando peros. Dudando, objetando. Yo siempre fui más de los peros, del por qué de las cosas. Cuando conocí otras tradiciones de pensamiento distintas de la liberal, para mí la respuesta fue muy evidente: por aquí, mejor que no. Y luego conocí el utilitarismo, me pareció que tenía cosas interesantes, y de ahí llegué al liberalismo clásico.  Aunque el liberalismo no me parece una opción a la que pueda decir “sí” de manera rotunda. Me parece la menos mala de las opciones disponibles, la menos incoherente entre sus principios y sus resultados. Y no tengo ningún problema en decir que si mañana encuentro una opción mejor, que me parezca menos contradictoria o encaje mejor conmigo, la defenderé igualmente convencida.

E - Ahora que te conocemos más, nos gustaría saber qué piensas sobre algunas cosas. La primera pregunta es obligatoria. ¿Qué es para ti la libertad y qué implica defenderla?

N - Libertad es capacidad de decidir sobre uno mismo asumiendo las consecuencias. No entiendo libertad sin responsabilidad, pero no desde una perspectiva moral restrictiva que contrapone libertad y libertinaje, sino en  un sentido casi esencialista: uno es libre en la medida que dispone de suficientes opciones disponibles y toma decisiones aceptando sus consecuencias. Efectivamente, creo que para ser libre debe haber un rango suficiente de opciones disponibles. No tienen que ser todas las que me gustarían, pero sí se debe poder decir “no”.

¿Defenderla? Es hablar. Es tomar partido, pero no solamente en las redes sociales, que siguen sus propias formas de interacción, sino también en tu día a día. Siempre he creído que para hacer una defensa honesta de la libertad como ideal debemos acudir a su atractivo, en lugar de creer que los principios de propiedad privada, no agresión y respeto a la vida son absolutamente válidos en todo caso. Si existen principios, “reglas” creadas para resolver conflictos, también pueden darse situaciones en las que esas reglas no se puedan aplicar sin que haya alguna renuncia de por medio. A nadie le vas a convencer con los experimentos mentales que evalúan si invadirías la propiedad privada de tu vecino para salvar a su hijo al que mata de hambre. La defensa de la libertad va menos de experimentos mentales y más de entender qué preocupa a las personas de todo sino y condición, y de trasladar cómo puede ser para ellos una ventaja analizar las cuestiones sociales y políticas bajo el prisma liberal.

E - Una de las primeras conferencias que diste para SFL fue sobre feminismo. ¿Qué te llevó a ello? ¿Te interesaba por algún motivo en especial?

N - Allá por 2015, en mi limitado conocimiento sobre la teoría feminista, existía un hueco que no era capaz de llenar. En mi vida he experimentado alguna de las situaciones que tienen lugar en nuestra sociedad “por el mero hecho de ser mujer”, y entendía que a una mujer joven se le suele sexualizar con más frecuencia que al hombre. También entendía que muchos hombres que me rodeaban tenían una presión mayor por traer un sueldo a casa de la que tenían muchas mujeres. Pero el feminismo tuitero no me representaba ni por asomo, ni siquiera en su versión primitiva, la de aquellos debates de la época de Zapatero sobre la paridad.

Nunca me he relacionado con mis amistades en función de si son hombres o mujeres, o si se identifican con cualquier otra cosa. Nunca he creído que merezco algo diferente por ser mujer, y me horrorizaría pensar que el día de mañana mis hijas pueden crecer en un sistema que les grita “te mereces esto por algo que no has elegido, porque sabemos que sin nuestra ayuda lo más seguro es que no podrías conseguirlo”.

Pero además de todo ello, en una conversación con María Blanco sobre el valor de las etiquetas y la necesidad de las personas identificarse como esto o aquello, le comenté cómo sentía un cierto rechazo a autodenominarme feminista, si por feminista se entendía todo aquello que a mí no me representaba. Quien crea que el feminismo es solamente la “defensa de la igualdad de la mujer” no conoce el feminismo como movimiento, o la teoría feminista como campo de análisis, ni lo equívocos que pueden ser los conceptos “defensa”, “igualdad” y “mujer”. En aquella conversación María reivindicó el término para sí, y me propuse explorar el feminismo desde una perspectiva filosófica.

A partir de entonces descubrí por qué la teoría feminista forma un corpus tan heterogéneo como incompatible en muchas de sus partes, qué tipo de conceptos ambiguos hasta el exceso fundamentan cada una de las tradiciones de las que se puede llegar a alimentar la teoría feminista y cómo se articulan en su marco muchas ideas de la época moderna. Y en SFL León llegamos a la conclusión de que eso que descubrí, que resulta que era desconocido por más y más mujeres que se decían “no-feministas”, merecía ser contado. Como descubrimos que era, como poco, un tema interesante, le dimos voz. Y a partir de ahí y mi identificación “pública” con el feminismo liberal, se han ido sucediendo los coloquios, hasta el debate entre feminismo liberal y marxista con Violeta Martín en la Carlos III el 8 de marzo de 2017.

E - Sabemos que ahora trabajas para una consultora en materia de protección de datos. ¿Dirías que las nuevas regulaciones son (RGPD) más favorables a la libertad individual?

N - Será que cumplo el tópico: liberales trabajando en favor de la regulación. Por lo menos no soy funcionaria, ¿no? Bien, dejando a un lado el chascarrillo, lo cierto es que me ha resultado interesante comprobar cómo muchos de los aspectos del RGPD me parecen buenos en el fondo, no necesariamente en la forma, y cómo me parece entre poco y nada posible en una utopía anarcocapitalista.

Es cierto que el RGPD se diseña con el objetivo de corregir una asimetría, la de las grandes y no tan grandes corporaciones que hacen negocio con nuestra información personal, que en muchos casos poseen y tratan sin nuestro consentimiento para ello. A propósito, en el tema del consentimiento se plantea un debate interesante en el que los liberales no suelen estar de acuerdo: ¿es tu responsabilidad si pudiste haberte informado correctamente  y no lo hiciste? ¿Es tu responsabilidad si te informaron parcialmente de lo que se iba a hacer con tu información? ¿Viola alguna de estas circunstancias las condiciones exigidas por el establecimiento de contratos entre partes?

De todas formas, el RGPD nace con la idea de devolver a los ciudadanos el poder de su información personal, reconociendo (dotando de, dirían algunos) derechos a los ciudadanos en cuanto a su privacidad y el uso del entorno digital. Pero luego se ven perversiones como la de la nueva LOPD (Ley Orgánica de Protección de Datos), que está pendiente de aprobación en el Senado mientras escribo esto, y que ya fue aprobada en el Congreso por unanimidad. Sí, por unanimidad, en el Congreso, en estos tiempos que corren de bipartidismos cuatricolor. Porque es que resulta que esta LOPD reconoce a los partidos políticos una capacidad por encima de la que tiene cualquier otra institución: la de utilizar los datos que hayan vertido los ciudadanos en las redes sociales y las páginas web (así de genérico es el texto) con fines electorales, sin que estos ciudadanos hayan decidido sobre si los partidos pueden o no hacerlo. Y aquí, fines electorales, es alcanzar el poder.

Es decir, que tu jefe no puede tener en tu empresa un documento con la geolocalización de sus trabajadores, ni con información de su vida sexual, o estudios genéticos sobre su predisposición a enfermar, porque, obviamente, son datos especialmente protegidos. Es más, para conocer cuáles son tus movimientos en internet, incluso las instituciones judiciales pueden requerir de permisos especiales. Pero los partidos políticos tienen un “interés público”, según el texto, para procesar esa información que tú has colocado en internet sin que de ninguna manera se te haya informado de que será utilizada para eso, y sin que hayas consentido ese uso concreto, contraviniendo todos los demás principios del RGPD y que, por extensión, la futura LOPD tiene. El problema no es que “ah, es que lo has puesto en internet, te jodes”, el problema es que con esa ley los partidos políticos se están otorgando la capacidad de saltarse a la torera los principios fundacionales de la misma.

Además, el caso de España es doblemente curioso, porque según explica Jorge García Herrero en este artículo, resulta que las legislaciones internas de Francia e Italia para desarrollar el RGPD no es que contemplen la posibilidad de que los partidos políticos utilicen esta información para alcanzar el poder (recordemos, información parametrizada del comportamiento en redes sociales de los ciudadanos basada en su ideología), sino que es que además ellos han sido coherentes y su legislación la prohíbe tajantemente. Es decir, montamos un RGPD durante años en las instituciones europeas para homogeneizar la protección de datos en toda la Unión Europea, y la LOPD dota de un poder supremo a los partidos políticos españoles por encima de cualquier otra entidad, siendo un poder que las legislaciones de los demás países europeos prohíben. Pero a ver.

E - También has impartido alguna ponencia animalista. ¿Pueden defenderse los derechos de los animales desde una perspectiva liberal?

N - Sí, sin ninguna duda, y además desde varias perspectivas. En primer lugar, si uno entiende el NAP como la prohibición de ejercer daño salvo en defensa propia, la consecuencia directa es que no se debe contribuir a la explotación animal de ningún modo. El especismo está ampliamente discutido y no me voy a extender más aquí, pero si nos centramos en una posición antropocéntrica para referirnos a la importancia del ser que siente (es decir, asumimos que los únicos seres sintientes moralmente relevantes son los seres humanos), habría que excluir a muchos seres humanos que tienen afectado su sistema neuronal de la categoría de ser moralmente relevante. En este caso, perfectamente podríamos permitir que se violara el NAP con esas personas porque, total, no sienten. Por lo tanto, si asumimos que no se debe infligir dolor, no se le debe infligir a cualquiera que lo sienta, sea ser humano o no.

Desde otra perspectiva, más amplia de la que se suele mantener en los círculos liberales de jóvenes hispanohablantes, el reconocimiento de derechos animales cabe dentro del paradigma liberal, al menos parcialmente. Prueba de ello es la obra de Kymlicka, Zoopolis, sumamente celebrada en el entorno académico anglosajón y que propone como posibilidad el reconocimiento de un derecho de ciudadanía a los animales, con sus propias modulaciones, cierto es, como también existen en el caso del derecho que se reconoce a los niños o a los discapacitados psíquicos.

Nótese que en ninguna de estas opciones se plantea que, llegado el caso, la vida de un animal vaya a pasar por encima de la de un ser humano, sino que se reconoce la posibilidad de que, fundamentando el derecho en la capacidad de identificarnos con otro, ese otro sea un ser sintiente. Evidentemente, esto sonará a aberración en los oídos (u ojos) de cualquier amante del derecho natural. Pero el caso es que, dentro del paradigma liberal, y digo liberal en sentido amplio, cabe, como poco, la discusión de todas estas posturas.

No obstante, y de esto se es muy consciente en el debate por la causa animalista, como en cualquier todo debate, la cuestión del derecho animal depende de dónde coloquemos el límite. Dela misma manera que los animalistas argumentan contra el especismo basado en un antropocentrismo ligado a la idea de razón, con gran acierto a mi parecer, cuando señalan los casos de varias especies animales en los que los individuos adultos demuestran habitualmente habilidades cognitivas más desarrolladas que los niños de homo sapiens que tienen una corta edad, existen ciertas objeciones a la cuestión de la sintiencia, su definición exacta y sus limitaciones.

De todas maneras, la causa animal no se defiende solo desde el sensocentrismo -aunque mucha gente argumentaría que esta es la única defensa verdadera-. De hecho, existen posiciones liberales de inspiración puramente económica que plantean, por ejemplo, la defensa de los animales (de algunos animales) en función de derechos de propiedad asignados a seres humanos. No he profundizado aún en estas ideas porque se fundamentan en una premisa que a mí me parece directamente contraintuitiva, que es la de que el ser humano tiene tendencia a proteger su propiedad privada, solo porque la posee, pero sí es verdad que existe cierto desarrollo de este tema.

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