Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, ha anunciado que su gobierno acometerá, en cumplimiento del programa electoral con el que el Partido Popular concurrió a las elecciones, la mayor rebaja fiscal de su historia (0,5 puntos en todos los tramos del IRPF).

En una Comunidad Autónoma que ya es de por sí santo y seña de las rebajas fiscales desde hace más de tres lustros, cuando el abandono en parte de políticas socialdemócratas convirtió a dicha región en la más próspera y libre de España. Una buena noticia para los ciudadanos, que, sin embargo, ha puesto muy nerviosa a la izquierda española, convertida en poco más que una banda de saqueadores de bolsillos de clases medias y bajas. “Va contra la Constitución”, argumentan desde Comunidades Autónomas cuya economía se ve lastrada por gobiernos hiperintervencionistas. “Es dumping fiscal”, claman, ocultando que la competencia –que detestan porque son mediocres- trae bienestar. Porque el problema no es que Madrid baje impuestos, el problema son las Comunidades que no los bajan y tienen montado un verdadero “infierno fiscal”, como es el caso de la Comunidad Valenciana o de Cataluña.

Denuncian los contrarios a las bajadas de impuestos, los de las élites extractivas, que este Madrid “insolidario y liberal” no debería recibir la ya poca financiación que le devuelve el Estado. Pero si miramos la aportación de Madrid al Fondo de Garantía de Servicios Públicos, en el periodo comprendido entre 2009 y 2016, Madrid aportó casi 18.000 millones, de los cuales casi el 30% benefició a la Andalucía socialista. ¡Vaya por Dios! Madrid siempre ha sido, es y será solidario con personas de otras regiones de España. No solo en lo fiscal. La sanidad pública madrileña, pionera en muchos campos, atiende a numerosas personas de otras regiones. Aquí no se le pregunta a nadie de dónde es, ni de dónde viene, ni a dónde va. Esa es la verdadera igualdad. La igualdad ante la Ley.

Por cierto, señora Montero, los impuestos, que no son voluntarios, no se pensaron para que los agentes económicos se adecúen al nivel de gasto que los burócratas estatales deciden. Se deben de fijar atendiendo a principios de justicia y equidad y atendiendo siempre al potencial de la economía. Una economía que da ya claras muestras de desaceleración y cuyo tejido empresarial es mayoritariamente de PYMES. Que necesitan que las familias tengan mayor renta disponible, lo cual eliminaría desincentivos a la contratación y atraería inversión.

Resulta también curioso que quienes claman a diario por la descentralización competencial, la federalización de España o incluso por la independencia, defiendan luego el centralismo fiscal, hoy escondido bajo la palabra “armonización”. La descentralización fiscal supone, además, acercar el gobierno a los ciudadanos en una materia que les interesa mucho.

Por otra parte, está de más decir que bajar impuestos tiene un efecto positivo sobre la economía. Como señalaron los economistas Daniel Lacalle y Juan Manuel López Zafra,  “el ejemplo de más de 200 casos en 21 países analizado por el Fondo Monetario Internacional demuestra que son mucho más efectivas las bajadas de impuestos y reducciones de gasto, a la hora de incentivar el crecimiento y la prosperidad, que los aumentos de gasto. Yendo a casos específicos, los estudios de Mertens y Ravn (The dynamic effects of personal and corporate income tax changes, 2012), Alesina y Ardagna (Large changes in fiscal policy, taxes versus spending, 2010), Logan (2011), o del FMI concluyen que en más de 170 casos el impacto de bajadas de impuestos ha sido mucho más positivo para el crecimiento y el empleo que otras medidas fiscales”. Ahí lo tienen. Debería tomar nota Pedro Sánchez, quien estos días, ignorando todas las alertas (Alemania ya habla de bajada de impuestos para paliar la recesión), anda amenazando con subir los impuestos para satisfacer a la extrema izquierda. Un desastre, cuyo único dique de contención se encontrará en los gobiernos del PP partidarios de la bajada de impuestos. Que, mientras exista el IRPF (el impuesto del Estado Policial), nunca será suficiente.

Y es que lo cierto es que la única política solidaria y social es la que permite sentar las bases para la creación de empleo y permitir que las personas busquen, sin injerencias gubernamentales, su felicidad. Y esa política pasa, indefectiblemente, por la bajada radical o supresión de impuestos. Madrid, ha sido y será mientras no caiga en manos de la izquierda, ejemplo de políticas de libertad.

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