Analizo cómo opera el pensamiento en la evolución de la libertad en la sociedad. Entender este proceso es clave para comunicar bien la libertad frente al resurgimiento' de las ideas/conductas marxistas.

La idea de libertad en el sentido de la no-interferencia del gobierno (que Isaiah Berlin categorizó como libertad negativa) y las restricciones legales mutuas, no constituyen, en su conjunto, una idea atractiva. Por tanto, su comunicación no es fácil. Esta es la primera premisa de la que hemos de partir, como defensores de la libertad, a la hora de estudiar la psicología de la Libertad si queremos que las probabilidades de éxito de nuestra batalla ideológica contra las nuevas formas de totalitarismo, entre las que más destaca, el neocomunismo, sean altas. ¿Sobre la base de qué hago esta introducción? Pese a tratarse del resultado del pulimiento espontáneo de la civilización a través de la cooperación y la vida humanas en sociedad, y no al revés, la conducta libre se gesta en la mente humana en un proceso de cognición imperfecto, como el número infinito de procesos que tienen lugar a nivel psicológico. Me ha sido útil para el fin de este análisis esquematizar dicho proceso como una dinámica entre puntos oscuros (opuestos subconscientes a la virtud) y puntos iluminados (opuestos conscientes al mal). Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, que dividió la psique en consciente e subconsciente, afirmaba que‘’La mente es como un iceberg: flota con una séptima parte de su materia bajo el agua’’. Las conclusiones de Freud, no obstante estar invalidadas como ciencia, nos permiten realizar proyecciones interesantes sobre la conducta del individuo y acerca del desarrollo de la idea de libertad en la sociedad abierta. En este caso, partiendo del esquema planteado, pueden efectuarse tales proyecciones.

Visto desde el método no-determinista de la Historia, que es el que mejor la explica al compatibilizar mejor con la naturaleza humana, ha sido cuando ha existido equilibrio entre los puntos oscuros e iluminados, cuando mayores avances ha dado nuestra civilización occidental. Casi siempre, esos mayores avances también han implicado una mayor sofisticación del derecho, la propiedad y la libertad, en un proceso natural gradual que, sin representar ni muchos menos el fin de la evolución histórica espontánea, alumbró una sociedad abierta de individuos libres y responsables, característica central del mundo Occidental. Pues bien, esto representa lo opuesto a las tesis marxistas o izquierdistas sobre la sociedad y el rol del Hombre. Producto del involucionismo del marxismo, las tesis izquierdistas sostienen que la evolución histórica es independiente de la voluntad humana y que tiende a la desaparición de la propiedad. Mi primera impresión psicoanalítica frente a esta concepción de la sociedad, que hoy se vende con distintos matices, es la de estar ante una actitud humana reaccionaria al mundo tal como es, en el sentido liberal del término. Karl Popper denominó a éste, y a procesos análogos, ‘’conmoción’’.  Pero bien sabemos que las impresiones son sólo un juicio aparente, más cuando conocemos los resultados trágicos que resultan de la aplicación de las tesis pseudo científicas del marxismo: la implementación del marxismo ha producido las estadísticas más mortíferas conocidas por la Humanidad; se cuentan entre 100-110 millones de muertos en casi en medio mundo, contabilizados al finalizar el siglo XX. Hoy seguimos contando con dictaduras izquierdistas en Cuba y Venezuela, por citar dos ejemplos de regímenes marxistas próximos a España por su cercanía cultural.

Desde su origen de partida, las concepciones marxistas de la psicología humana han cristalizado sobre la potenciación de los puntos oscuros en el subconsciente del Hombre (envidia, odio, insidia, nihilismo, …). Eso fue así tanto para impulsar los procesos revolucionarios de la pasada centuria, como para impulsar conceptos verbales simples o compuestos freudianamente equivalentes a los del conjunto del paréntesis anterior en el mismo orden (véase, igualdad económica=envidia, justicia social=odio, participación=insidia, laicismo=nihilismo,…) que hoy proliferan en los discursos izquierdistas, en apariencia hegemónicos. El interrogante que cabría plantearse es cómo abordamos estos discursos y los encaramos con valentía, seamos liberales libertarios, seamos libertarios conservadores, para que no gane, otra vez, la mentira marxista bajo otra careta.

El mito de la planificación económica estatal del marxismo persiste por estas fechas como un parásito mental que resume el que mucha gente no perciba al estatismo como un problema, a pesar del triunfo más o menos amplio, en Europa en general y en España en particular, del sistema basado en los medios privados de producción, la mejora espectacular de la calidad de vida de la colectividad y de las condiciones materiales de la población. De manera que, al no poder recurrir a la inducción a la lucha de clases, la izquierda basa sus experimentos sociales a dos niveles: primero; en la manipulación psicológica de los miedos e inseguridades materiales de la gente (que estarían en los puntos oscuros de la mente humana) y, segundo; en la intromisión en las identidades personal, sexual y familiar, a través de la estatización y colectivización de la ideología neomarxista de género y el feminismo anticapitalista. Si, en vez de la estatización de la ideología izquierdista de género, que patologiza al varón y victimiza génicamente a la mujer, se ‘’estatizara’’ el principio de no-agresión se reforzaría la libertad junto con las relaciones de cooperación libres y responsables.

Carl Gustav Jung desarrolló el psicoanálisis cognitivo, rama con valor científico que nos permite entender y conocer los errores involuntarios de conducta humana. Aplicado a la psicología de la libertad, el análisis cognitivo no sólo nos permite deconstruir la capitalización de la autorrepresión y complejos de inferioridad de la gente por parte de la izquierda, sino que también nos facilita la reorientación de las acciones humanas hacia la libertad.

Como conclusión, la psicología de la libertad nos demanda entender el proceso complejo de la comunicación y el lenguaje, procesar una respuesta con los elementos más relevantes del acto con palabras y, elaborar una síntesis efectiva que ponga de relieve el fraude verbal. Cualquier acción humana puede analizarse desde este método y deberíamos hacerlo extensivo a la batalla de las ideas a través de la tecnología, las redes sociales, los foros y los diversos niveles de organización de la sociedad.

Facebook
Google+
Twitter
Reddit
LinkedIn
WhatsApp