Unschooler y gamer, 13 años
Si te gustan los videojuegos, es probable que tus padres no estén muy contentos con tu afición. Si tienes hijos, es probable que no te termine de convencer la idea de que jueguen a videojuegos, así que voy a explicarte por qué los videojuegos no son tan malos como piensas.

Aprendizaje

Cuando ves a tu hijo jugar a videojuegos durante el fin de semana, probablemente pienses que está desperdiciando el tiempo en estupideces pero, ¿y si te dijera que, en realidad, está aprendiendo cosas más útiles que lo que aprende en el colegio?

Mucha gente piensa que los videojuegos no son educativos pero, desde mi experiencia, puedo decir que cualquier tipo de actividad puede ser educativa si tienes la actitud adecuada.

Una de las cosas que se pueden aprender con los videojuegos son los idiomas. Yo mismo, cuando tenía unos diez años, gracias a pasarme las tardes jugando a videojuegos y viendo vídeos de otros jugadores, conseguí aprender inglés sin necesidad de leerme diez libros de texto ni de asistir a cuatro clases con una profesora aburrida. Con Minecraft, por ejemplo, aprendí muchas cosas de geometría, matemáticas, geología, programación, y hasta a diseñar estructuras.

Cuando tienes interés, puedes aprender cualquier cosa incluso aunque no vayas al colegio.

Socialización

Una crítica común hacia los videojuegos es que aíslan socialmente pero, en mi experiencia, es justamente lo contrario. Jugando he aprendido a coordinar mi trabajo con mis compañeros, a buscar recursos y a solucionar problemas. He conocido personas de otros países, que hablan otros idiomas, que tienen otros horarios y otras costumbres. He aprendido que cada sociedad tiene sus normas y sus jerarquías: mediante la creación de un servidor propio en Minecraft puedes poner tus propias normas e invitar a unirse a quién tú quieras. O, si lo prefieres, puedes unirte al servidor de tus amigos, donde tendrás que cumplir sus normas. Y podríamos hablar también de todas las personas que han salido a la calle y se han puesto a hablar con desconocidos gracias a Pokemon Go, por ejemplo.  

Nuevos trabajos

Los videojuegos no son solo jugar y ya está. Además del constante aprendizaje, muchas cosas que rodean el mundo de los videojuegos también incluyen trabajos de verdad con los que puedes llegar a ganar más dinero del que piensas. Sí, has leído bien, he puesto las palabras “videojuegos”, “trabajo” y “dinero” en la misma frase.

La ventaja es que la barrera de entrada de los videojuegos es muy especial, ya que es extremadamente sencilla: con tener un ordenador o consola, una conexión a internet y la habilidad y ganas de hacerlo, ¡ya estás dentro! No necesitas ningún título, no necesitas haber estudiado en una escuela especial o haber estudiado algo durante varios años. No necesitas hacer ninguna prueba para que te admitan. Es así de simple.

Además, hay muchos trabajos completamente distintos en el mundo de los videojuegos. Uno de los trabajos más comunes es ser un jugador profesional (en resumidas cuentas, es como ser un jugador de fútbol pero de videojuegos). Aparte de eso, hay otros trabajos también muy interesantes, tales como entrenador, comentarista, organizador de eventos, desarrollador, tester, streamer, etc.

Cada uno tiene su encanto y, si lo haces bien, puedes llegar a conseguir una buena cantidad de dinero.

Orden espontáneo

Otro aspecto a destacar es que, a diferencia de otros sectores, el mercado de los videojuegos no está regulado, es decir, no hay ninguna ley que diga cómo tiene que funcionar y no vive a base de subvenciones. Digamos que se va regulando solo y que crece, precisamente,  porque sus usuarios le dan valor.

Pero no sólo la industria del videojuego se beneficia del orden espontáneo, sino que también dentro de los propios juegos vemos como esto sucede.

Muchos juegos son online y los desarrolladores siempre intentan poner orden en el mundo virtual que han creado (básicamente, como hace el Estado con los ciudadanos). Pero los desarrolladores no pueden preverlo todo, siempre va a haber alguna cosa que se les escape. Ellos son los que empiezan a trabajar, son los que han tenido la idea y han creado el videojuego. Pero, una vez creado, aparecen los jugadores que son los que tienen que cubrir esos agujeros que los desarrolladores no llegan a alcanzar. En cierta forma, podemos decir que el videojuego no está completo hasta que los jugadores no empiezan a organizarse y a hacer cosas que no estaban previstas.

Por ejemplo, el videojuego World Of Warcraft es un massive-multiplayer online (MMO) y role-play game (RPG), en el que hace unos años ocurrió algo catastrófico. Había un monstruo al que tenías que matar y éste te encerraba en una sala con él hasta que lo conseguías derrotar, o morías. Este monstruo te envenenaba si estabas dentro del área de efecto, y este ataque podía afectar a tus mascotas. La idea original era que, al morir tú o derrotar al monstruo, el envenenamiento desaparecía. Pero había un fallo: las mascotas no perdían el envenenamiento y seguían contagiando a las personas, lo cual inició una epidemia que provocó la muerte (virtual) de muchos jugadores. Así que la gente empezó a organizarse, avisando en ciudades y pueblos para que no se acercaran a ciertas zonas que estaban infectadas, a la vez que informaban a los desarrolladores. Los jugadores consiguieron crear zonas seguras donde no dejaban pasar a ningún infectado, lo cual salvó alguna que otra vida. Es un ejemplo de cómo, cuando no hay un regulador que planifique, que lo pueda prever todo y que te salve en momentos críticos, la gente saber organizarse, cooperar y encontrar soluciones.

La excusa perfecta

El gran argumento contra los videojuegos es que son adictivos, y por eso mucha gente quiere que se regulen. En Estados Unidos incluso ha habido peticiones al gobierno para que se establezca el límite de tiempo que los niños y adolescentes pueden estar conectados. La excusa fue a raíz de la polémica con el juego Fortnite. Éste es un juego que tiene a muchas personas “enganchadas” y ha habido tanta polémica que la adicción al videojuego ha sido catalogado hace poco como un problema mental en Estados Unidos. Muchos la equiparan con la adicción a las drogas. Es verdad que al jugar a un videojuego te sientes bien por el alto nivel de dopamina que segregas, pero esa sensación es más parecida a comerse un trozo de pizza que al consumo de cocaína.

Todo el pánico de Fortnite y de los videojuegos en general, se debe en gran medida a la ignorancia y al miedo de los padres a que les pase algo malo a sus hijos. Se alarman porque no lo conocen bien. Es un pánico injustificado. Es como si de repente encontraras un animal de cuatro metros que no habías visto en tu vida. Obviamente le vas a tener miedo, pero ese miedo es sólo porque no lo conoces, no sabes qué puede hacerte, ni si es peligroso. Pero si lo conocieras, si fuese el animal más común del planeta, si supieras que no te va a hacer nada, no te preocuparías. Y eso es exactamente lo que pasa con los videojuegos. Hay un gran desconocimiento y el desconocimiento genera pánico, con lo que ya tenemos la excusa perfecta para pedir que se regulen (o que se prohíban, como podemos ver en múltiples peticiones en la plataforma change.org).

 

En resumen, los videojuegos ofrecen un mundo de posibilidades. Es un trabajo del que puedes vivir, su comunidad te permite actuar en libertad y puedes desarrollar habilidades que son útiles en muchos ámbitos de tu vida, más allá del propio juego. En vez de preguntarte cuáles son los peligros de los videojuegos, puedes preguntarte cuáles son las ventajas.

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